jueves, noviembre 07, 2013

Didáctica de la política en el contexto de encierro

ESTADO Y DERECHO
Enseñanza del derecho
en la Escuela de la Cárcel.
Discurso del preso y formación normativa.
Raúl N.Alvarez[1].
Introducción.
Desde comienzos del ciclo lectivo 2011, me desempeño como profesor en el CENS 460, una escuela secundaria de adultos, dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. Esta escuela está emplazada, por convenio con el Servicio Penitenciario Bonaerense, en la Unidad 48 del Complejo Penitenciario Conurbano Norte, ubicado en la Localidad de José León Suárez, del Partido de General San Martín. Dicto aquí dos cursos de la materia Educación Cívica, en primer año, y uno de tercer año, de Derecho Laboral.
Las reflexiones que siguen a continuación, son una elaboración conceptual enraizada en la modesta y cotidiana práctica pedagógica que llevo adelante en esa escuela. Después de dos años de trabajar en esta institución, con la ayuda de varios de mis compañeros, comencé a plasmar las experiencias asombrosas que ocurren a diario, en un registro de observación. Estoy recogiendo, en ese registro, hasta ahora, un conjunto de “anécdotas” y algunas entrevistas. Mi observación va dirigida a la cuestión del poder. El poder en la institución escolar, en la institución penitenciaria, en la educación, y en los vínculos sociales del mundo marginal encarcelado.
En esta ponencia, voy a recortar un aspecto de esa realidad que ejerzo, vivo y observo, que es el referido a la enseñanza del derecho. Entré a la escuela de la cárcel como un abogado que enseña política. Política y  Ciudadanía, “Educación cívica”, como curricularmente se denomina la materia. Luego se me pidió –por parte de mis alumnos y de la institución- que también enseñe  Derecho. Desde este lugar, no puedo evitar preguntarme por el efecto genera mi práctica de enseñanza jurídico-política, sobre mis alumnos.
El discurso del Preso.
El mundo delincuencial está plagado de sentidos, discursos y justificaciones (Miguez 2008: 105). Existe básicamente un  condicionamiento socioeconómico estructural, que somete a un sector de la población a la marginalidad. Por marginalidad entiendo quedar afuera de los vínculos del mercado y de los beneficios de la relación con el Estado. En una sociedad capitalista periférica como al Argentina, esto está naturalizado. Dentro de esa masa marginal, una porción de ella se inclina por las prácticas delictivas como estrategia de subsistencia. Cerrados los caminos del mundo del trabajo, del consumo, y de la vida política, algunos salen a cirujear, otros quedan entrampados en las adicciones, otros incurren en estrategias poco dignas como la mendicidad y  la prostitución, y finalmente otros cortan camino por la delincuencia.
El delincuente, el pibe chorro, no pudo, no supo, nadie le enseñó y no aceptó, la larga fila de espera a la que hay que someterse para llegar al consumo material por la vía normal del mercado. Y cortó camino por la vía del robo. En vez del futuro, optó por el presente. En vez de las normas, la razón y la construcción paciente, eligió los fierros y la violencia. El beneficio material inmediato es inmensamente mayor del que puede obtener su vecino cirujeando, o su primo trabajando de peón. Con esos medios materiales –robados- forma un entramado de relaciones sociales, familiares, barriales, en el que logra ser. Ser alguien. Tener plata para hacer lo que le venga en gana. No tiene que esperar nada para acceder a su objeto del deseo. Solo atravesar el inquietante momento del robo, de la acción, del peligro, para después gozar de la felicidad, de su felicidad, de esa –supuesta, ficticia- felicidad, de ser él mismo y que se lo respete como tal. Pero hay un punto en que los que lo rodean, que no delinquen, sino que afrontan las marginalidad con otras estrategias de supervivencia   (Lomnitz, 1989: 26) lo increpan, lo cuestionan. Y entonces el chorro aprende respuestas,  genera un conjunto    de justificaciones de por qué roba.
A estas justificaciones, las llamo el “discurso del preso” o “discurso del chorro”, que en el caso de nuestros alumnos, es un chorro preso.
Una educación dialógica y liberadora (Freire, 1970:101)  debería dialogar con el discurso del preso. Tomarlo como síntoma a analizar, como problema generador. Pero el discurso es resistente, y la enseñanza escolar no puede esperar a que los procesos culturales decanten. Entonces cada día hay que dar la clase. Y la damos como mejor nos sale. Lo que no nos impide reflexionar sobre nuestra práctica, que es lo que estoy haciendo. Unica manera de proyectar avanzar, en algún momento, en su transformación.
Como valoran los alumnos la educación jurídica.
Fui  chequeando cómo tomaban este aprendizaje jurídico los alumnos, y qué opinaban al respecto. Recogí afirmaciones en mi registro de observación, como las siguientes: “Esto (aprender derechos humanos) nos sirve para cuando estemos afuera saber los derechos que tenés, que tienen que entrar con orden de allanamiento y todo eso”. “Nos sirve (aprender derecho) como un arma para defendernos acá adentro”. “Lo bueno de la escuela es que te abre otros mundos”. “Para aprender a tener una conversación”. “Acá todas nuestras familias tienen firmado un habeas corpus por si nos pasa algo”
La educación normativa.
Llamo educación normativa a un tipo de formación jurídica basada en la transmisión de los contenidos de un deber ser enunciado en normas jurídicas. Enseñar para que el alumno aprenda lo que dice la ley. En educación  política hay una larga tradición pedagógica basada en la idea Sarmientina que supone que cuando el sujeto conoce los contenidos de la constitución, esto funciona como un “driver” que lo convierte en buen ciudadano (Jauretche, 2011 [1957]: 122) El sujeto político internalizaría las pautas de conducta por el solo hecho de conocer la norma. De ahí que en la escuela primaria nos hayan obligado, por ejemplo, a memorizar el preámbulo de la Constitución Nacional. La fantasía que subyace en esta corriente asocia –sin explicar por qué- el conocer la constitución con transformar al alumno en un buen ciudadano; el conocer los derechos humanos, con transformar al aparato represivo en servidores públicos; el conocer el derecho laboral, con transformarse en un sujeto trabajador. El esquema es simple:  
Instrucción jurídico normativa   →    formación del sujeto “normal”.
La clave, es que este esquema no se cumple, pero las instituciones sociales y políticas funcionan como si se cumpliera. Se despliega de esta manera una hipocresía institucional, que impregna nuestras organizaciones estatales. Enseñamos normas positivas y actuamos como si formáramos personas, como si contribuyéramos a desenvolver procesos subjetivos de crecimiento personal y social. ¿Por qué la hipocresía? Aquí es necesaria la crítica. Porque esa aparente contradicción, está ocultando un funcionamiento desigual e injusto de la estructura social. En los sectores dominantes de la sociedad, esta contradicción entre el decir y el hacer, entre el discurso y la práctica, se lleva con naturalidad. Por ejemplo, los empresarios sojeros pueden ganar fortunas con la producción de alimentos, sin importar que hay importantes sectores de la población con necesidades alimentarias insatisfechas. La formación jurídica normativa no causa desigualdad, explotación y encubrimiento ideológico de las relaciones sociales. Pero contribuye a ello.
No rompe el discurso del preso-chorro.
De alguna manera, el tipo de aprendizaje jurídico que demandan y llevan adelante mis alumnos-presos, sigue un camino parecido. Cuando ellos afirman que quieren conocer la parte dogmática de la constitución porque “nos sirve para reclamar nuestros derechos”, no dejan de pensarse a si mismos como “chorros”. Aprenden derecho desde su lugar personalmente asumido, de delincuentes. Y como tales, les sirve conocer los derechos que le reconoce el artículo 18 de la Constitución Nacional.  Y “les sirve” conocer el derecho laboral para que a su esposa, o a su hermana, que no roba y que sí trabaja, no la engañen. Tienen un interés concreto en el contenido de los aprendizajes. Pero estos aprendizajes normativos, sin más problematización, no aportan nada a su formación subjetiva. No contribuyen al proceso personal de recreación del sujeto, que los corra de la identidad de chorros para convertirlos en algo distinto,  en ciudadanos activos, en trabajadores, en transformadores sociales, etc.
El punto de llegada, para no intrigar al lector, lo enuncié al principio de esta ponencia. La educación jurídica normativista no rompe el discurso del preso. Parece sencillo y obvio, pero no lo es. La fantasía normativista de la enseñanza jurídica sigue siendo dominante. Aún para quienes no creemos en ella. Para intentar desarticular esas justificaciones delincuenciales, es necesario problematizar la situación marginal de origen, individual y colectiva, de los “pibes  chorros”. Pero para eso tenemos antes, que plantearnos muchas cuestiones más, que no voy a analizar ya en este trabajo.
Preguntas emergentes.
No siempre un trabajo académico, una ponencia, en este caso, puede llevar a una conclusión. No pretendo proponer una salida al problema que planteo. El avance que puedo dar, a modo de conclusión, es dejar planteadas algunas preguntas para avanzar el en proceso de construcción político pedagógica de la enseñanza del derecho. Estas son:
1)      ¿Qué sería lo contrario, la alternativa al discurso del preso? En una sociedad desigual, contradictoria, en la que los caminos del trabajo, el sacrificio y el ahorro están cerrados para la población marginal ¿Qué construcción subjetiva es posible y deseable? ¿Formar ciudadanos honestos? Es decir ¿alcanzaría con que ya no delinquieran? ¿O se trata de ayudar a que cada persona y cada conjunto de personas se transforme en protagonista de su propia historia? Esta última opción, en ciencia política fue llamada “construcción del pueblo” (Laclau, 2005: 150) como sujeto activo de un horizonte democrático e igualitarista. 
2)      ¿Qué papel tiene la escuela y el docente en esa relación tensa y antagónica entre el discurso jurídico, la práctica institucional y el aprendizaje de los alumnos? ¿Cómo aprender y enseñar derechos humanos en un contexto en que éstos son violados permanentemente?
3)      ¿Cómo desenvolver una enseñanza del derecho (en mi caso, del derecho laboral y de los derechos humanos)  que a la vez sea problematizadora, contextualizada, y que tenga un sentido para los que aprenden? ¿Implicamos la problematización político social con la instrucción normativa tradicional?
4)      Aunque sea reproductivista ¿No sigue siendo positivo para la situación de la población marginal conocer (aunque sea de manera tradicional y normativa) sus derechos? El aprendizaje de contenidos deónticos ¿no fortalece  por si misma la capacidad de resistencia y lucha de los sujetos subalternos de nuestra sociedad capitalista?
Dejo planteadas preguntas. Más preguntas que respuestas. Pensar en el hacer, reflexionar sobre la práctica docente, nos genera cuestionamientos que van a volverse sobre la práctica, retroalimentando un proceso  de aprendizaje de cada uno de nosotros como docentes. No sabemos enseñar, sino que aprendemos enseñando.
Raúl Néstor Alvarez . Invierno de 2013.
Bibliografía:
Freire, Paulo. “Pedagogía del Oprimido”. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, año 1970.
Jauretche, Arturo. “El colonialismo mental. Su elaboración”. En “Los profetas del Odio y la yapa: la colonización pedagógica.” Buenos Aires, 1973, Editorial Peña Lillo.
Laclau Laclau, Ernesto. “La razón populista”. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.  2005.
Lomnitz, Larissa Adler de. “Cómo sobreviven los marginados”. Siglo XXI Editores. México, año 1989.
Miguez, Daniel. “Delito y Cultura. Los códigos de la ilegalidad en la juventud marginal urbana”. Editorial Biblios, Buenos Aires, año 2008.



[1] Abogado (UBA), Licenciado en Ciencia Política (UBA), Profesor en Docencia Superior (UTN). Magister en Ciencia Política (UNSAM). Docente Ayudante de la materia “Teoría del Estado” en la Facultad de Derecho, UBA.   lacasilladeraul@yahoo.com.ar

martes, octubre 15, 2013

Ecología Política de la Basura.

Ecología Política de la Basura.
El carácter eco-político de las luchas sociales
por la recuperación de residuos
en el Area Metropolitana Buenos Aires.

11° CONGRESO NACIONAL DE CIENCIA POLÍTICA 
"La política en movimiento.
Estados, democracias y diversidades regionales"
Paraná, 17 al 20 de julio de 2013.
Area Teoría y Filosofía Política
Reflexiones teóricas sobre los movimientos sociales y la protesta

Raúl N.Alvarez[1].
lacasilladeraul@yahoo.com.ar

Resumen Introductorio:
En este trabajo intento aplicar al terreno de la basura los conceptos básicos de la ecología política de raíz marxista.
Se trata de una aplicación sumativa, en la que no profundizo las diferencias entre los autores. Al  contrario, intento valorar los aportes plurales de cada uno de ellos, para así tornar productivo el conjunto de las contribuciones de este campo intelectual, al análisis de la basura.
La perspectiva del trabajo es fundamentalmente teórica, aunque particularizada al caso de la basura en el Area Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
La hipótesis que sostengo es que así como la economía ecológica es una cuestión política, la basura, en tanto relación social antagónica por la desapropiación de materiales, también es una cuestión política.
La lucha de los recuperadores antagoniza con el poder normalizador y con el Estado capitalista, dando lugar a la creación de valor por fuera de las relaciones sociales capitalistas.

Ecología Política.
A partir de la práctica contestataria al orden social ecológico imperante, se ha desarrollado un pensamiento crítico de la economía y de la política, que algunos dan en llamar “ecología política”. Desde la perspectiva económica, esta corriente se denomina economía ecológica. A continuación voy a presentar de manera resumida sus principales aportes.
Metabolismo Social: El medio ambiente construido. Las relaciones sociales se desenvuelven en  una dinámica que consiste  en flujos de materiales y energías (Martínez Aller, 2011: 2). Estos flujos circulan de manera desigual en un entramado relacional que comprende a las personas, y  también a la naturaleza. Se genera así un medio ambiente construido socialmente (Altvater, 2011: 6), una especie de segunda naturaleza (O´Connor, 2002: 38), que ya no es puramente física y biológica, sino que se encuentra socialmente mediada de una manera desigual. Por ejemplo, el suelo ya no se reduce a su composición biofísica, sino que es depositario y productor en función de relaciones sociales, dando lugar a algo nuevo, que es la tierra, objeto de apropiación, intercambio y explotación. En términos semejantes, puede pensarse el “territorio” como una “relación social mediada y moldeada y  por la materialidad del espacio” (Merlinsky, 2011: 14)
Totalidad sociedad naturaleza. La no externalidad. Retomando la noción marxista de totalidad, como el conjunto que explica el desempeño de cada una de las partes, la ecología política propone pensar la implicación ecología/ sociedad como una totalidad, de la que lo económico y lo político no son más que un aspecto (Altvater, 2011: 16). Esa totalidad implica y explica los distintos aspectos de las relaciones sociales. Al contrario, la economía, basada en una perspectiva clásica, intenta presentar los efectos ambientalmente perjudiciales de la economía capitalista como externalidades, como fallos de mercado. Por externalidad se entiende aquellos efectos que no pueden ser cuantificados en relaciones de intercambio mercantil, por ejemplo el carácter finito de los bienes naturales y los efectos contaminantes del capitalismo. Habría, según esta postura un fallo de mercado, algo que el mercado erró, que  no puede resolver. Otros consideran que lo que se da es más bien un fallo de gobierno, es decir, una externalidad negativa que la regulación estatal no alcanzó a regular correctamente, pero que sería corregible. En cambio, desde la economía ecológica, se postula que la contaminación y el agotamiento de recursos no son un fallo, una externalidad, sino un modo de funcionamiento normal de la economía capitalista. No es un error corregible, sino una característica estructurante y sistémica de la economía mercantil (Martínez Aller, 2008: 10).

Inconmensurabilidad. No transaccionalidad. La contabilidad capitalista centrada en la cuantificación de valores de cambio, no es apta para ponderar los aspectos ecológicos de las relaciones sociales (Martínez Aller, 1995: 54). No se puede cuantificar cuánto vale agotar un bien natural o contaminarlo, porque no tiene reemplazo. No basta al respecto orientarse por el costo marginal de producción, ni por el servicio de su saneamiento, dado que implica transferir problemas ambientales y de escacés a generaciones futuras, que como aún no existen, no pueden prestar su consentimiento. Postergar la asunción de daños ambientales para el futuro implica cargar sobre generaciones por venir, importantes costos económicos, sin pedirles su consentimiento (Martínez Aller, 1995: 60). No es una transacción contractual, sino una imposición forzada.  

Niveles de la economía. No basta con el tradicional estudio de las finanzas, la producción, la inversión y el consumo para comprender la economía. Esa es una visión cuantitativa que no considera la cuestión ambiental. Para una visión completa de la economía ecológica debe pensarse que la economía tiene tres niveles: por encima de todo, su emergente más visible es el nivel de las finanzas, de las representaciones de valor de cambio. Por debajo  encontramos la economía del la producción, centrada en la inversión y el consumo. Pero en profundidad, debe contemplarse también el nivel ecológico, que consiste en el flujo de materiales y energías que los otros niveles dan por supuesto. Flujos que, dado el carácter agotable de la naturaleza, no pueden ser cuantificados y contabilizados (Martinez Aller, 2008: 3).

Entropía capitalista. La economía capitalista no se orienta hacia un equilibrio de mercado sino que tiende a agotar recursos y a acumular desechos (Altvater, 2011: 20). De modo que si en vez de cuantificar valores de cambio, centramos la atención en el flujo de materiales y energía que tienen lugar en el seno de relaciones sociales de explotación y dominación, vemos que detrás de la supuesta mano invisible del mercado, lo que hay realmente es una lucha social por la apropiación de estos flujos. El capitalismo por su propia esencia, orientada a la ganancia, es incompatible con el equilibrio sociedad/ ambiente. No es posible un capitalismo sustentable.

Condiciones de producción. Marx teorizó la relación sociedad / naturaleza en términos de condiciones de producción. Según él hay tres tipos de condiciones: las condiciones personales de producción, es decir, el trabajo humano; las condiciones naturales de producción, es decir, el ambiente; y las condiciones generales comunitarias de producción, es decir, la infraestructura espacial urbana. La característica de estas “condiciones de producción” es que no pueden ser producidas por la relación social capitalista, sino que son un requisito para que éstas tengan lugar. De modo que la provisión de las condiciones de producción no la realiza el mercado, quedando como  proveedor de éstas el Estado (O´Connor, 2002:38)


Segunda contradicción. La cuestión ambiental se presenta como una segunda contradicción del capitalismo. La primer contradicción, que da lugar a la conocida lucha de clases, en términos marxistas, es el antagonismo entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. O dicho en otros términos, el choque entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación. La segunda contradicción capitalista (O´Connor, 2002: 29) Se da por el lado de las condiciones de producción. La expansión capitalista, orientada por la expectativa de ganancia privada, desatiende la reproducción de las condiciones de producción. El capital intenta apropiarse y explotar la naturaleza, sin tener en cuenta  el agotamiento de recursos y la contaminación. Aquí el choque se produce con otro actor, que ya no es la clase obrera, sino los movimientos sociales.

El ecologismo de los pobres. Si bien existen movimientos sociales ambientalistas que demandan en función de principios éticos contra el capitalismo, ha surgido otro actor en la lucha contra el capital, que es el llamado ecologismo de los pobres. Se trata de grupos humanos perjudicados por la explotación y contaminación capitalista de la naturaleza, para los cuales la ecología no es una cuestión abstracta sino un asunto concreto de supervivencia, dado que en esas condiciones ambientales degradadas, corren riesgo de perecer (Martinez Aller, 2011: 6). Por eso luchan y enfrentan al capital.

Por qué es política la ecología. Si no puede cuantificarse el aspecto ambientalmente negativo de la producción capitalista ¿cómo valorar y definir cuál ha de ser el curso a seguir en el despliegue de la producción social? Aparecen, en las propias luchas, diversos “lenguajes de valoración” (Martinez Aller, 2011: 18). Se trata de discursos no crematísticos, centrados en otros saberes y otras creencias (Borón, 2011: 11). Cuando el ecologismo de los pobres hace oír sus reclamos, lo hace desde su cultura y desde su palabra. La función del intelectual crítico es justamente intentar articular una síntesis de éstos en términos de praxis, de acción colectiva con sentido emancipatorio, que no se limite a entender el mundo sino que avance hacia su transformación en su sentido favorable a los oprimidos. Como no hay un criterio “positivo” u “objetivo” en el cual basar la relación sociedad/ naturaleza, toda decisión que se tome al respecto es controversial, objeto de lucha y deliberación. Y en definitiva, adopta un carácter político. Dejar hacer al capital, es una decisión política del Estado capitalista. Revolucionarlo también lo es.

La basura en el AMBA.
La política de gestión de basura domiciliaria  en el AMBA fue fijada durante la última dictadura militar. Desde el 1 de Enero de 1978 se prohibió la incineración de residuos , se estableció su disposición inicial en bolsas de nylon y  el sistema del relleno sanitario. Se creó una empresa estatal interjurisdiccional, perteneciente a la Ciudad y a la Provincia de Buenos Aires, encargada de gestionarla, llamada CEAMSE (Schamber, 2010: 6). El proyecto inicial era evitar el smog y rellenar terrenos bajos con basura. Se abrieron rellenos sanitarios en varios lugares: Villa Domínico, Gonzalez Catán, Ensenada y Zona Norte (primero Bancalari, después José León Suárez, ahora Campo de Mayo).  
El Area Metropolitana comprende 34 municipios y la Ciudad de Buenos Aries (Zamorano, 2008), de modo que se extiende desde Magdalena en el Sur, hasta el Tigre hacia el Norte, abarcando la totalidad del Conurbano Bonaerense. Los cuatro rellenos sanitarios de CEAMSE se ubican en la jurisdicción provincial, de modo que la Ciudad capital no entierra sus residuos en su territorio, sino que los deriva a la periferia bonaerense.
Además del circuito de la basura domiciliaria, existen otros dos grandes circuitos de basura. Unos es el de los residuos peligrosos o especiales. Y otro es el de los basurales a cielo abierto.
Los residuos de establecimientos industriales, comerciales y de servicios, en tanto no sean peligrosos, son enterrados o dispuestos en los rellenos sanitarios junto con los residuos domiciliarios, dado que se consideran asimilables. En cambio los residuos que presentan peligrosidad en diversos grados tienen establecido, por distintas leyes, reglas especiales de disposición, acondicionamiento, tratamiento, depósito y/o destrucción. Casos especiales de residuos peligrosos son también los residuos patogénicos, los nucleares, y los de buques y aeronaves. Todos ellos tienen reglas especiales que salen del caso que analizamos. Nuestra mirada está puesta en los residuos domiciliarios y en los no domiciliarios asimilables.
Pero además, existe un importante circuito ilegal de gestión de residuos. Desde que existe normativa sobre gestión de residuos, existen crónicas, endémicas y generalizadas violaciones a estas normas. El “sistema” de la basura funciona, necesariamente, con un porcentaje significativo de flujo de materiales que pasa por fuera de los canales oficiales de gestión. En este circuito “ilegal” de la basura, se destacan dos modalidades. Una son los basurales a cielo abierto (Shammah, 2009: 57), que no son legales, que no siguen las normas del relleno sanitario, pero de los que existen cientos en el AMBA. El otro circuito ilegal es el desvío ilegal y encubierto de residuos peligrosos o especiales, a los rellenos del CEAMSE o a los basurales clandestinos. Así, es común encontrar residuos químicos o biológicos en los rellenos del CEAMSE, que se supone, solo trata desechos ambientalmente inocuos.
En los primeros años del siglo XXI, el sistema entra en crisis.  En Villa Domínico, González Catán y Ensenada surgen importantes movimientos vecinales que atribuyen contaminación y daños en la salud, a la operatoria de los rellenos sanitarios. Denuncian al CEAMSE. Pero el CEAMSE tiene el conocimiento técnico y forma parte del poder del Estado. Las pruebas de contaminación se tornan dudosas. Pero los resultados en los cuerpos de las víctimas son irrefutables. En Villa Domínico se forman las “Madres de las Torres”, que son madres de niños enfermos por la contaminación atribuida al relleno. En González Catán, Partido de La Matanza, también surgen desmesurados índices de ciertas enfermedades atribuidas al depósito de basura del CEAMSE. El formato de la protesta en estos tres lugares, es el de la asamblea multisectorial, o Ciudadana.
Un cuarto conflicto que se le suma al CEAMSE, se sitúa en la zona norte, en José León Suárez. Allí el reclamo procede de población marginal asentada en las cercanías del relleno, que ha hecho de la recuperación de residuos en la quema su modo de vida. Lo que reclaman es que les permitan acceder al material de trabajo. Y su herramienta es el corte de ruta, típico del repertorio piquetero.

Las luchas por la recuperación.
Hacia el año 2001, al generalizarse las negativas consecuencias socioeconómicas de la aplicación de políticas neoliberales, el AMBA registra la multiplicación de la actividad ciruja. La recuperación de residuos pasa a ser una opción de vida para decenas de miles de personas. Los “cartoneros” se transforman en un personaje insoslayable,  ocupan el centro de la escena y ganan la voz como actor social y político.
Desde el Estado, los Gobiernos se ven obligados a intentar una respuesta política a este nuevo cuadro de situación, en el que la impugnación ambiental ataca la técnica del relleno, y el reclamo social incrementa la actividad de recuperación de residuos.
A partir del año 2002 en adelante se dictan una serie de leyes, a nivel Nacional, Provincial y de la CABA, que dan un giro en la política oficial de gestión de basura. Se lo llama GIRSU (gestión integral de residuos sólidos urbanos). Consiste en la misma política anterior centrada en el relleno sanitario, con el agregado de  acciones oficiales orientadas a la reducción del volumen de residuos a enterrar, el impulso al reciclaje, la reutilización y la minimización. Dentro de este nuevo marco jurídico, la actividad de los recuperadores gana cierta legalidad. Son reconocidos, en cierta medida, como integrantes del cuadro de situación de la basura. En este sentido, se trataría de una gestión “integral”, porque incluiría el reciclaje.
Desde entonces ha habido algunas acciones significativas a favor de la actividad recuperadora de los cirujas. En el relleno Norte III de CEAMSE se les permite ingresar una hora diaria a recolectar en el basural. En el mismo lugar se formó un polo de reciclaje de basura cruda, que ocupa 600 trabajadores distribuidos en 9 plantas que se cogestionan entre el CEAMSE y organizaciones sociales. En la Ciudad de Buenos Aires, algunas cooperativas lograron acceder también a centros de acopio y plantas de separación, aunque partiendo de residuos ya previamente separados. Los cartoneros de a pie fueron registrados y en muchos casos incorporados al sistema oficial de gestión. Incluso muchos de ellos cobran subsidios que los  oficializan en su función. Los 34 municipios bonaerenses se encuentran en un proceso lento pero irreversible, de deliberación en cuanto a qué hacer con su basura. Muchos intentan planes (por ahora solo testimoniales) de separación en origen y de reciclado.
Todos los avances que se dieron a favor de la actividad recuperadora de los sectores sociales marginales, han sido conquistados mediante la lucha social de estos grupos. Y en todos los casos, su puesta en práctica implicó, desde el Gobierno, un cambio en el perfil de relación Estado/ Sociedad. La perspectiva liberal privatista, indiferente a la pobreza, tuvo que ser dejada de lado, y reemplazada por alguna nueva forma de intervención estatal orientada políticamente hacia la “inclusión” social. No se cambia las relaciones sociales estructurales de la sociedad capitalista. Pero sí cambian las configuraciones de poder, dentro de esa estructura, en un sentido menos perjudicial para los sectores más postergados.

Basura como desapropiación. El papel del Estado y el poder normalizador.
La primera y permanente actitud del Estado hacia los cirujas, tiende a ser de carácter represivo. El ejemplo más nítido lo expuso en su momento el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuando sostuvo que los cartoneros “roban” la basura[2]. Esta actitud represiva y discriminatoria es el fondo permanente contra  el que luchan los recuperadores por sus conquistas.
Si lo que piden es basura, y la basura es algo que supuestamente carece de valor ¿por qué no se la dan? ¿Por qué se monta sobre la basura un dispositivo armado de seguridad, como si se tratara de un tesoro? ¿Por qué se reprime a los cartoneros como si fueran delincuentes?
Propongo una mirada teórica crítica para fundamentar la respuesta (Alvarez, 2011: 105). Intento pensar la basura dentro del marco de la estructura social capitalista que la genera. El papel de la basura en las relaciones de producción. La relación entre basura y propiedad privada podría ser una clave explicativa de las situaciones paradojales por las que atraviesan los recuperadores en su lucha.
1)      La basura es una relación social de desapropiación. Como objeto de relaciones sociales, la basura debe ser desfetichizada. No se trata de objetos con características negativas. Sino de una relación social inversamente complementaria a la propiedad privada. Lo característico de la relación  de propiedad es facultar al dueño de la cosa a repeler al conjunto erga omnes de la sociedad, en el uso y disfrute exclusivo de la misma. Con la basura ocurre lo contrario. El dueño privado, una vez que ha obtenido del objeto los beneficios que le interesan, en vez de quedarse con los restos materiales que son perjudiciales, los descarga en el colectivo de la sociedad a través de la basura. Si los objetos de valor positivos son apropiados, los de valor negativos son desapropiados. Ambas relaciones, por la positividad y por la negatividad, tienden a beneficiar al mismo polo de propietarios privados, en perjuicio de los no propietarios de bienes. En la medida que la propiedad privada es el ámbito de acumulación de plusvalor, la basura funciona como el flujo de materiales de valor negativo que se “socializa” a través de la gestión estatal de residuos.
2)      La basura implica un poder normalizador. Norma es una mixtura de precepto jurídico y ley científico biológica (Foucault, 2000: 310). El orden social y la “higiene” capitalista se hacen carne en los sujetos mediante la internalización de normas de este tipo. Los sujetos quedan así “normalizados” por un orden que en buena medida produce su subjetividad. Este encarnizamiento de la norma bio-higiénica de la basura, se expresa en la sensación de “asco” por la basura. El asco es una construcción social normalizadora que funciona estructuralmente pero se vive subjetiva e individualmente. Las cosas que no sirven, que desordenan, que ensucian son excluidas de la vida cotidiana y confluyen en la llamada “basura”. Pero esta “basurización” de objetos, no se basa en el valor de uso de este bien, sino en la apreciación subjetiva de quien decide botarlo como basura. De ahí que en la llamada “basura” conviven una cantidad de materiales y objetos útiles aún, pero desechados, a partir de una lógica sesgada simbólicamente por el consumismo capitalista. La recuperación de basura requiere traspasar esa pauta normalizadora que excluyó a los objetos como basura. Requiere desandar la relación social en la que fueron producidos, para poder aprovechar su valor de uso remanente. Los cirujas hacen de esta labor su medio de vida. Transgreden el poder normalizador insto en la basura. Por eso  se les hace extensiva, a sus personas, el carácter de basura social. Son castigados con la estigmatización y la discriminación. Se los discrimina por haber transgredido la pauta normalizadora.
3)      El Estado no es neutral, favorece al capital cuando gestiona la basura. El papel del Estado es el de funcionar como ámbito colectivo de desapropiación de basura, de modo que no perjudiquen a la clase de los propietarios privados, sino que deban ser cargados por el conjunto de la sociedad. La gestión de basura por parte del  Estado, por definición es perdidosa, porque es una función subsidiaria de la acumulación capitalista. Cuando los recuperadores urbanos rescatan objetos de la basura, se los reapropian y hacen de ellos sus medios de subsistencia, están contrariando la lógica capitalista de la basura. La recuperación informal  cuestiona y transgrede la división en clases poseedoras/ desposeídas de la sociedad capitalista.
La lucha que llevan adelante los recuperadores, en distintos lugares, por acceder al material de trabajo,   y para que se les reconozca la función social ambiental que cumplen, es una acción que contraviene el poder normalizador, va a contramano del carácter capitalista del Estado, e implica una reapropiación de valor por fuera de las relaciones de producción capitalistas.  Desde este punto de vista, la lucha cartonera y ciruja tiene un carácter emancipatorio y ambientalista que antagoniza con la lógica de acumulación capitalista.
En tanto que las luchas ciudadanas territorializadas en contra de los depósitos de basura, al oponerse al modo en que el Estado capitalista gestiona la basura, lo hacen desde una modalidad de acción democrática participativa, en defensa de un bien colectivo, como es el ambiente  y en contra de la orientación capitalista de las relaciones sociales dominantes.

Confluencia de conceptos.
El esquema conceptual que planteo para analizar los conflictos en torno a la Basura en el Area Metropolitana Bonaerense, es  compatible con los enunciados de la ecología política explicados al comienzo.
El metabolismo social del capitalismo argentino es el que ha llevado a la construcción de esta segunda naturaleza, este artificio ambiental, que son los rellenos sanitarios, y sus complementos necesarios, los basurales  y circuitos clandestinos. La basura se genera, se acumula y se gestiona siguiendo un criterio beneficioso para el funcionamiento capitalista de nuestra sociedad. Esto nos obliga a desnaturalizar el paisaje. Donde antes solo veíamos  montañas de desechos, si profundizamos un poco más, podemos detectar la huella del capital, que una vez apropiado de las ganancia, socializa en perjuicio de colectivo social, los residuos. No es natural el basural. En otro contexto social, podría no generarse basura y asignar el flujo de energías y materiales de otro modo. El basural , el relleno, no es solo un terreno colmado de basura, sino el asiento material que las relaciones sociales capitalistas asignan como destino para el flujo de materiales que son incapaces de transformar, un “territorio basura” (Shammah 2009:22)  signado por relaciones de basurización.
La acumulación de basuras no procesables, que no se reintroducen en el flujo de materiales y energías de la sociedad capitalista, son el testimonio activo de la unidad existente entre sociedad y naturaleza. El proyecto sanitarista de enterramiento de residuos pretendía tratar la basura como algo externalizable. Bastaba enterrarla para hacerla desaparecer. Pero la basura no desaparece bajo la tierra. Los objetos y materiales siguen estando ahí, por años, décadas, siglos, etc.  Y están activos. Retroactúan sobre el aire, el agua, el suelo, y en definitiva, sobre las mismas relaciones sociales que le dieron origen.
Una visión parcial de esta utopía externalizadora de la basura lo constituye la exportación permanente de residuos de la Ciudad de Buenos Aires hacia el conurbano. Una actitud de colonialismo interno, que da por supuesto que llevar la basura lejos, a otro barrio, a otro municipio, es una solución aceptable a la gestión de residuos. Pero no hay un afuera natural. Sociedad y naturaleza forman un mismo ambiente en el que debemos convivir.
Si la basura contamina, o si se forman depósitos fuera de los circuitos establecidos, no se debe a que haya fallado el mercado o que los funcionarios no hayan cumplido correctamente su función. La lógica capitalista, tanto en el área del consumo (residuos domiciliarios), como en el de producción (residuos industriales) es la que lleva a la basurización de ciertos flujos de objetos y de personas. La basura no es defeco, sino una consecuencia sistemática de la acumulación capitalista.
Lo que se hace actualmente en el AMBA es acumular restos materiales en rellenos sanitarios, que al no descomponerse ni sintetizarse, en algún momento deberán ser retirados y reprocesados. Un ejemplo en este sentido es la demanda de los vecinos de González Catán de que sea retirada la basura del relleno emplazado en su localidad. Mientras continúe la técnica del relleno sanitario, se seguirá cargando esa tarea reparadora sobre generaciones futuras. A las que nos se les ha consultado nada al respecto.  No hay aquí una transacción sino una imposición de cargas de una generación a otra.
Mientras tanto los cálculos sobre costos económicos de “gestionar” la basura hacia el enterramiento, no son completos ni pueden serlo. No puede calcularse el costo de la contaminación de los cursos de agua, de la degradación del aire o de los suelos. Por eso, la contaminación no es calculable a valores de mercado. Se trata de dimensiones no compatibles entre sí, que por lo tanto son inconmensurables.
¿En qué nivel de la economía se ubica la basura como relación social? ¿En el de la economía financiera, en el de la producción o en el del flujo de materiales y energías? La basura se ubica a mitad de camino de los dos últimos niveles de la economía. Porque es generada por la producción y por el consumo que alimenta esa producción. Pero su depósito en basurales, afecta directamente el flujo de materiales y energías del medio ambiente socialmente modificado.
La entropía del capital lo orienta a la apropiación privada de bienes, por un lado y a la acumulación de desechos y agotamiento de recursos por el otro. Si se incluye la basura en el esquema analítico de la crítica entrópica al capital, puede ampliarse este horizonte conceptual, que se extiende a ambas banda de la valorización del capital. Cuando hablamos de valores de mercado positivos, la lógica capitalista pasa por al apropiación de bienes. Pero cuando se trata de objetos de valor negativo, su tendencia es a la desapropiación, es decir a la enajenación de éstos en las esfera social o pública, gestionada por el Estado. Los objetos basurizados, de valor de cambio negativo, son “socializados”, convertidos en pasivos públicos. No hay “equilibrio” sino acumulación diferencial de flujos y materiales, a favor del capital, cuando son de valor positivo.  y en la esfera pública/ social, cuando  son valorizados negativamente. La entropía capitalista conlleva el par conceptual basura/mercancía como cosificación de las relaciones de desapropiación/ apropiación.
Entropía

Insumos                                             Desechos
Explotación de recursos                     contaminación ambiental

Residuo
(Sólido – liquido - gaseoso)

Apropiación                                       Desapropiación
Derecho de propiedad                                   Der. de abandono.

Las relaciones de basurización  pueden operar tanto en el ámbito de la circulación mercantil, como en la provisión estatal de las condiciones socioambientales de producción. La desigualdad de la estructura social capitalista hace que muchos objetos desapropiados como basura por los sectores sociales más altos, al mantener cierto valor de uso, tiendan a ser reapropiados por sectores sociales más bajos, que sí le encuentran un valor positivo. Por ejemplo, los excedentes de producción defectuosa, cercana al vencimiento, o con defectos de empaquetamiento, tiene un valor negativo para las empresas que lo producen o comercializan, y un valor positivo para los recuperadores urbanos, que tratan de apropiárselos para su uso o intercambio. Aquí el Estado tiende a intervenir, mediante la legislación y mediante la acción policial, en defensa de los intereses del capital, orientándose a limitar esta reapropiación de residuos por parte de los recuperadores. Es una intervención procapitalista, en el momento de la circulación de bienes. En otros casos, cuando se trata de grandes flujos de residuos urbanos o industriales, que hasta los propios recuperadores tienden a considerarlos como “basura”, lo que hace el Estado es gestionarlos para garantizar la continuidad de la vida social. No podría desenvolverse un mercado capitalista  si los residuos de la producción y del consumo no fueran retirados del espacio de desenvolvimiento cotidiano. En esto consiste el “manejo” de residuos, en la provisión de las condiciones de producción, que no puede ser provista por el mercado, sino que queda a cargo del Estado. Hipotéticamente, si las relaciones de producción dominantes no fueran capitalistas, este servicio debería ser prestado igualmente. Lo que es probable es que si estas relaciones sociales no fueran relaciones de explotación, el flujo de materiales y energías no debería generar residuos que no fueran a su vez insumos productivos.
La segunda contradicción del capitalismo, tiene como uno de sus principales exponentes la acumulación de basura. De basura domiciliaria e industrial, y de residuos en general. Toda la contaminación es reductible, conceptualmente a la idea de basura. Son objetos, materiales o partículas, desapropiados en el flujos acuáticos, atmosféricos, o terrestres. Si la segunda contradicción del capital es el límite que la naturaleza presenta al desarrollo capitalista, uno de esos límites es la acumulación de basura producida por la acumulación de capital. Si hay basura, es porque hay un capital que lucró con ella, en la esfera de la producción o de la reproducción. Esa basura capitalista se vuelve como una muralla pringosa y maloliente al desarrollo del capital.

En las luchas por la recuperación de basura que se libran en el AMBA hay dos fuerzas o sectores sociales de carácter popular y por lo tanto, anticapitalistas. Por un lado, los recuperadores, provenientes de la población marginal, que encontró en la basura su medio de vida. Su acción recuperadora de objetos y materiales contraviene la lógica capitalista, y por lo tanto se desenvuelve en un enfrentamiento con el Estado y la legislación capitalista. Son los “pobres” del llamado “ecologismo de los pobres”. Su lucha se orienta a la subsistencia. No antagonizan con el capital y el Estado por una cuestión ética valorativa y altruista, sino en defensa de su subsistencia económica. El otro actor, los movimientos ambientales contra la basura, como los de González Catán, Villa Domínico y Ensenada, no son movidos por “cirujas” sino por “vecinos” más asimilables al ecologismo tradicional, de poblaciones socialmente integradas, que defienden una perspectiva político valorativa de tipo altruista.

Conclusión: La ecología de la basura es una cuestión política.
La llegada de esta confluencia de relatos, sobre la ecología política y sobre la basura, lo que plantea es justamente el carácter político antagónico de la basura. No se trata de objetos, sino de un resto material que cosifica (Lukacs, 1970 [1923]: 23) relaciones de producción y de consumo capitalistas. Si descosificamos la basura, lo que hallamos son relaciones sociales de desapropiación de objetos. Relaciones sociales de basurización de objetos y de personas, que por lo tanto son desiguales y antagónicas. No se trata entonces de basura, sino de  conglomerados de personas, enfrentados entre sí por su distinta posición en las relaciones de apropiación/ desapropiación de objetos. No es basura, es antagonismo,   y como tal, una construcción social de poder. Los sujetos que la  descosifican no son desempleados o lumpenproletarios abriendo el camino de formaciones políticas bonapartistas. Son nuevos sujetos que entablan nuevas relaciones sociales,  que construyen nuevos territorios, más allá del dominio del capital. La basura, cuando se descorre el velo y queda a la vista el fetiche, desde los márgenes exteriores del mercado, también forja las armas que le darán muerte al capital.
Raúl Néstor Alvarez.

Bibliografía:
Alvarez, Raúl Néstor .  “La basura es lo más rico que hay. Relaciones políticas en el terreno de la basura. El caso de los quemeros y los emprendimientos sociales en el relleno Norte III del CEAMSE). Editorial Dunken. Benos Aires, año 2011.
Altvater, Elmar. “La ecología desde una óptima marxista” Clase 1 del  Curso “Ecología Política en el capitalismo contemporáneo” del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia), Centro Cultural de la Cooperación- UNAM. Buenos Aires, Marzo de 2001.
Borón, Atilio. “Pensamiento crítico y emancipación social”.  Clase inaugural del Curso “Ecología Política en el capitalismo contemporáneo” del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia), Centro Cultural de la Cooperación- UNAM. Buenos Aires, Marzo de 2001.
Foucault, Michel. “Vigilar y Castigar. El nacimiento de la prisión”. Siglo XXI editores. México. 2000.
Lukacs, Georg. “La cosificación y la conciencia del proletariado”, en Historia y Conciencia de Clase. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales del Instituto del Libro,  [1923]  1970.
Martinez Aller, Juan. “Conflictos Ecológicos y lenguajes de valoración”. Clase 2 del Curso “Ecología Política en el capitalismo contemporáneo” del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia), Centro Cultural de la Cooperación- UNAM. Buenos Aires, Marzo de 2001.
Martínez Alier, Joan. "De la economía ecológica al ecologismo popular’’. Editorial Icaria, Barcelona, España, 1995.
Martínez Alier, Joan. "La crisis económica vista desde la economía ecológica’’. Revista  ‘’Ecología Política’’, n. 36, Dic. 2008.
Merlinsky, Maria Gabriela. “Conflictos ambientales y territorio”. Clase 4 del  Curso “Ecología Política en el capitalismo contemporáneo” del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia), Centro Cultural de la Cooperación- UNAM. Buenos Aires, Marzo de 2001.
O’Connor, James. “Es posible el capitalismo sostenible?” En publicacion: Ecología Política. Naturaleza, sociedad y utopía. Héctor Alimonda. CLACSO. 2002. ISBN: 950-9231-74-6.
Schamber ,Pablo. “Una aproximación histórica y estructural sobre el fenómeno cartonero en Buenos Aires. Continuidad y nuevas oportunidades entre la gestión de residuos y la industria del reciclaje.  INCAP –Presidencia de la Nación. Buenos Aires. 2010.
Shammah, Cinthia. “El circuito informal de los residuos. Los basurales a cielo abierto” Espacio Editorial. Buenos Aires, año 2009.
Zamorano, Julieta y Ocello, Natalia. “Atlas de la Basura”. FADU – CEAMSE . Buenos Aires. Año 2008.



[1] Abogado (UBA), Licenciado en Ciencia Política (UBA), Profesor en Docencia Superior (UTN). Magister en Ciencia Política (UNSAM). Docente Ayudante de la materia “Teoría del Estado” en la Facultad de Derecho, UBA.   lacasilladeraul@yahoo.com.ar
[2] “Todos apuntan contra Macri. El empresario prometió “meter presos” a los cartoneros porque “se roban la basura” de la calle. Desde diversos sectores criticaron su “desconocimiento de la emergencia social”. Página 12 del 11 de Enero de 2008.

lunes, mayo 13, 2013

Didáctica de la teoría del Estado


Cómo enseñar Teoría Crítica del Estado.

Raúl N.Alvarez[1].

Convocatoria para el número 19 de la Revista Academia.

Facultad de Derecho – Universidad de Buenos Aires.

Mayo de 2011.
Resumen:

En este artículo me propongo esbozar una mirada didáctica del concepto de Estado tal como lo propone la teoría crítica. Para ello voy a retomar la narración crítica del Estado, tratando de expresarla con la mayor simplicidad posible, para después explicar el problema que plantea desde el punto de vista de la enseñanza. La cuestión es la siguiente: si la crítica al orden social y político establecido supone un posicionamiento activo de quienes lo analizan y forman parte de él ¿cómo construir un vínculo de aprendizaje/ enseñanza que movilice a los alumnos de la carrera de abogacía, a descubrir e indagar los antagonismos sociales subyacentes más allá de la institucionalidad jurídica?  Sobre el final intentaré trazar algunas líneas de resolución de de este nudo problemático.

Palabras clave: Estado.  Teoría Crítica.  Educación Política.  Relación Social de Dominación.  Fetichismo.  Problematización.

 
http://www.derecho.uba.ar/publicaciones/rev_academia/revistas/20/como-ensenar-teoria-critica-del-estado.pdf
 

Título en Inglés: How to teach Critical Theory of the State.

Summary:

In this article I propose me outline a didactic vision about the concept of State as propose by the critical theory. For this I am going to take again the critical narration of the State, trying to express it with the greater simplicity as possible, to then explain the problem posed from the point of view of education. The issue is the following: if the criticism to social and political order assumed an active positioning of whom analyze it, and form a part of it ;  how do we build a bond of learning or education to mobilize students of the race  of advocacy , to discover and explore the underlying social antagonisms beyond the legal institutions? At the end I will try to explain some lines of resolution of this problematic knot.

 

Keywords: State. Theory criticism. Political education. Social relations of domination. Fetish. Problematization.



[1] Abogado (UBA), Licenciado en Ciencia Política (UBA), Profesor en Docencia Superior (UTN). Magister en Ciencia Política (UNSAM). Docente Ayudante de la materia “Teoría del Estado”, Cátedra B.Rajland,  en la Facultad de Derecho, UBA.   lacasilladeraul@yahoo.com.ar